Inventario para una isla desierta

Una cerbatana, un frasco de brea, tres ramas de canela, una lámina del duomo de Florencia, la partitura de las Variaciones Goldberg, la Suma Teológica, el toisón de oro, un tintero, una vela en su palmatoria; oro, incienso y mirra (no sea que nazca un redentor)…

Cof, cof

«Confieso que he encontrado en estas ideas estrambóticas un enorme consuelo. Había escuchado a John Cage decir que no hay que despreciar ningún sonido, pero esta idea me parecía carente de teología y geometría».

La niña y la muerte

Me cuesta mucho entender qué es una «muerte digna». Se me viene a la cabeza Áyax y la moral agónica. «Áyax no podía hacer otra cosa», decimos cuando hacemos el comentario de texto a Sófocles. Cosas soportables porque sólo son literatura.

¡Arriba el sosiego!

Lo particular del absurdo es que es contagioso, y que todo lo que se le acerca queda, en ese momento, derrotado. ¡Cómo se debieron sentir los chavales que lanzaban vítores a la tecnología en la soledad de esa noche, a solas con sus pensamientos! ¡Íntimamente derrotados!